Recuérdalo:
esta mañana eras tú
y sabias por qué.
Sucesos:
las calles son largas
sinuosas, estrechas y hoscas
gozas la miseria visual.
Te sientas, fumas,
arqueas las cejas
piensas, recapacitas.
Eras un niño:
los árboles siniestros
escondían las azucenas dormidas;
jamás las tocaste.
Salía el sol,
abuelo las regaba,
lucían entonces espejuelos,
hadas y demonios,
dulzura de tierra y flor,
góticos Tallos
entre botones de cristal.
Era la epopeya por el amor
y la mágica in transcurre...
reluciente en tu casco
parecías Héctor resucitado.
Y no así:
Las paredes enmohecieron
cargadas del tiempo,
inmersas en la pulcritud
reverberante y arbórea.
Hijos, esposa y jefe;
casa, coche y vacaciones;
rumiaste la sonrisa cotidiana;
lloraste la amargura sola;
andando sin saber
qué fue de las flores.
Sin recordar, papá.
Esta mañana eras tú
y sabias por qué.
domingo, 30 de septiembre de 2007
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1 comentario:
Hoy tu poema tiene una melancolìa que me arrastra muy por debajo de mi, Componedor.
Te dejo un beso
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