jueves, 27 de septiembre de 2007

Hora del alba

Las luces despiertan.
En las penumbras se sueña.
El mendigo habla de candidez
en tanto que un banquero se truena las manos.

Qué insoportable es el día.
La gente me mira con odio.
Ni campanas ni jardines alivian:
la sombra del árbol me niega.

Tan adorable y serena es Andrómeda,
cuando sólo los perros ladran ansiosos;
las calles huelen a humedad pestilente
y cruzado de manos,
tranquilo,
puedo mirar la vida.

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