Recuérdalo:
esta mañana eras tú
y sabias por qué.
Sucesos:
las calles son largas
sinuosas, estrechas y hoscas
gozas la miseria visual.
Te sientas, fumas,
arqueas las cejas
piensas, recapacitas.
Eras un niño:
los árboles siniestros
escondían las azucenas dormidas;
jamás las tocaste.
Salía el sol,
abuelo las regaba,
lucían entonces espejuelos,
hadas y demonios,
dulzura de tierra y flor,
góticos Tallos
entre botones de cristal.
Era la epopeya por el amor
y la mágica in transcurre...
reluciente en tu casco
parecías Héctor resucitado.
Y no así:
Las paredes enmohecieron
cargadas del tiempo,
inmersas en la pulcritud
reverberante y arbórea.
Hijos, esposa y jefe;
casa, coche y vacaciones;
rumiaste la sonrisa cotidiana;
lloraste la amargura sola;
andando sin saber
qué fue de las flores.
Sin recordar, papá.
Esta mañana eras tú
y sabias por qué.
domingo, 30 de septiembre de 2007
sábado, 29 de septiembre de 2007
Abandono, tú.
¿Qué fuera de mis palabras?
Te escribo y te releo en cada frase,
me vierto renombrándome en cada letra,
te me entrego y me devoro sin mirarte.
Hay tanta melodía en tu palabra
sin pronunciar sonido tus labios.
-¿Tiene que ser la fatalidad del tiempo
y la distancia tan desquiciante y amarga?-.
He cruzado este río
bajo la piedad de cronos,
he mirado mi rostro envejecerse
como una flor que se apaga;
sumergiendo mis pies
en sus aguas cristalinas.
Y turbias y crespas me han golpeado
su corriente de olvido y fantasía.
Te escribo y te releo en cada frase,
me vierto renombrándome en cada letra,
te me entrego y me devoro sin mirarte.
Hay tanta melodía en tu palabra
sin pronunciar sonido tus labios.
-¿Tiene que ser la fatalidad del tiempo
y la distancia tan desquiciante y amarga?-.
He cruzado este río
bajo la piedad de cronos,
he mirado mi rostro envejecerse
como una flor que se apaga;
sumergiendo mis pies
en sus aguas cristalinas.
Y turbias y crespas me han golpeado
su corriente de olvido y fantasía.
Me, abanadono, tú.
viernes, 28 de septiembre de 2007
I
Hola, ¿puedes escucharme?
Las paredes son muy cortas
casi asfixiantes, no hay luz,
me figuro ciego, nada más.
Te espere desde que recuerdo
mas no pasaste nunca por aquí;
tengo prisa, siempre hay violencia,
la rapidez es aterradora, me confunde.
Expectativa: una palabra peligrosa;
puedes matarte o matar,
resucitarte y resucitar,
(qué sucio es parecerse a dios)
No soporto el ruido de afuera:
las campanas gruñen enfermas
por un bautizo o una muerte;
Ironía suena a trillado ¿Puedo decirla?
Ahora todos son expertos:
se suben a una piedra y recitan,
te dicen lo tonto que sos; rabian,
no pueden ver a alguien soñar.
Puedes emborracharte,
salir y agarrarte a puños,
fornicar y fumar para ver caracoles,
pero no les digas que te suelten el cuello.
Corre hasta que los pies se te venzan,
aprieta los dientes y llora marica,
golpea el suelo, odia con todas las lagrimas;
pero nunca los vencerás (eso creen)
¿Quién te dijo que “podías”?
¿te sientes libre cuando protestas?
¿también cuando miras el fútbol?
¿piensas que el conductor de TV es intelectual?
Dicen tanto la rebeldía,
tanto la adoran, tanto le saben
¿y como no va a ser así?
Somos libres nadie lo discute (ni lo harán)
II
Quiero subir al cielo
para enseñarles el odio;
no podría bajar aún más
por que (en este infierno)
ya no puedo.
Las paredes me asustan,
no puedo llorar a solas,
alguien me escucha, me miran,
no me dejan en paz, me persiguen.
Todos creen que soy tonto,
se enamoran y luchan,
pero el dolor no lo expresan,
les aterra sentir.
Me dicen que no sirvo,
ser el centro del mundo
es tarea tan sencilla,
y la desempeñan muy bien.
III
Llévate la sensibilidad:
las mujeres lloran
los hombres gritan
los niños aprenden
las niñas estorban
los viejos se olvidan
las viejas son amargadas
los mendigos son vergonsozos
los homosexuales dan asco
los curas aun más pero no les dices
no mientas
no llores
no me grites
no me mires
no te muevas
no pienses
no sueñes
no luches
no pidas
no ores
no vivas
muérete, muerte.
jueves, 27 de septiembre de 2007
Hora del alba
Las luces despiertan.
En las penumbras se sueña.
El mendigo habla de candidez
en tanto que un banquero se truena las manos.
Qué insoportable es el día.
La gente me mira con odio.
Ni campanas ni jardines alivian:
la sombra del árbol me niega.
Tan adorable y serena es Andrómeda,
cuando sólo los perros ladran ansiosos;
las calles huelen a humedad pestilente
y cruzado de manos,
tranquilo,
puedo mirar la vida.
En las penumbras se sueña.
El mendigo habla de candidez
en tanto que un banquero se truena las manos.
Qué insoportable es el día.
La gente me mira con odio.
Ni campanas ni jardines alivian:
la sombra del árbol me niega.
Tan adorable y serena es Andrómeda,
cuando sólo los perros ladran ansiosos;
las calles huelen a humedad pestilente
y cruzado de manos,
tranquilo,
puedo mirar la vida.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
